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No todo lo que brilla es oro: la otra realidad de los juegos olímpicos

Es la máxima cita de deportes que hay en el planeta, el encuentro de una enorme cantidad de disciplinas y sus actores principales. Asimismo, villas preciosas, recintos lujosos, planificaciones puntillosas e inauguraciones que te dejan estupefacto. Sí, todo eso es un juego olímpico, pero también hay atrás una historia de sangrías, derroche innecesario y calamidad. Te contamos aquí todo, como siempre ¡No te pierdas la nota!

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No todo lo que brilla es oro es una frase que se suele usar para denostar las fachadas que ocultan lo que hay detrás, el resultado que solapa el proceso: una apología a la mera superficialidad. Y eso, desgraciadamente, pasa con los juegos olímpicos y, sobre todo, con los de Río de Janeiro 2016.

Pocos saben que hace escasos meses (17 de junio para ser exactos) , dicho Estado se declaró en “estado de calamidad pública”. Es decir, una sangría financiera tan grande que se adeuda sueldos a funcionarios, maestros, con huelgas en las calles, sin actividad en colegios, nulo peculio para mantener hospitales y realizar las reformas más sustanciales en una ciudad ciclópea. Y aunque los motivos pueden ser múltiples, efectuar este mega evento es uno de los principales. Las consecuencias de que una ciudad soporte semejantes gastos en forma inmediata son la deformaciones en el presupuesto, la deuda con el Estado y prestamistas de carácter privado.

Sin embargo, no todo culmina en eso, ya que muchas obras para el desarrollo de los juegos no fueron terminadas como se debía, y ya escuchamos casos de delegaciones de ciertos países que se niegan a vivir en la villa olímpica, ya que no cumple los mínimos requisitos. Naturalmente, esto no acaece por primera vez: Atenas y Sochi se vieron en complicaciones de todo tipo hasta el último momento, para luego salir perfectamente bien. Es que la perfección aparente logra ocultar muchas cuestiones.

Asimismo,  la violencia descarnada también preocupa y es una especie de patio trasero: civiles, bandoleros y policías muertos en lides sin fin o la vigencia de un cálculo más que aterrador, en el que  antes de intranquilizarte por el zika tienes, si eres mujer, 10 veces más posibilidades de ser violada en la hermosa Río. Ni hablar, por último, de grandes obras en construcción con fines turísticos y de imagen para realzar los eventos, pero desestimando los servicios básicos para barrios periféricos. O la situación, verdaderamente calamitosa, del traslado forzoso de familias o la limpieza de indigentes para que el mundo vislumbre el entorno más límpido posible.

Seguramente los JJ.OO  en Río de Janeiro sean una verdadera fiesta, con el deporte como estandarte. Quizás éste sea la única esperanza de paz mundial, si seguimos el ideario olímpico. Sin embargo, es bueno conocer y saber que detrás de toda linda fachada se pueden encontrar realidades un tanto lóbregas.

Agustin

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